Hace pocos años hubo una propuesta del Gobierno de Navarra para instalar la cárcel en el término municipal de mi pueblo, Muruzábal. Temerosos por la repercusión que podía tener, se generó una gran oposición de los vecinos y ayuntamientos del Valle. El presidente Miguel Sanz afirmó, para nuestra satisfacción, que no se colocaría en un lugar donde hubiera un rechazo popular a la misma y se optó por buscar otro sitio más idóneo.
En estos momentos nos encontramos con una situación parecida. Ahora quieren instalar la Ciudad de la Carne. El rechazo es similar con la excepción delAyuntamiento de Legarda, al que parece ser le importa más el maldito dinero que ganarían que la calidad de vida de los vecinos de su pueblo y de los pueblos que lo rodean.
El Gobierno de Navarra sabe que Legarda no es el mejor sitio. Que una empresa de estas características no se puede situar entre cuatro pueblos (Muruzábal, Uterga, Obanos y Legarda), y a menos de mil metros de los mismos. Sabe que tenemos las mismas razones, incluso más, que los vecinos del valle de Elorz para rechazarla.
Por ello no queremos que pongan aquí lo que no han querido otros, no queremos que hagan agravios comparativos tratándonos como ciudadanos de segunda y no queremos perder la calidad de vida que venimos disfrutando.
Luchamos y lucharemos para que impere la razón y el sentido común y se busque el lugar adecuado para estas empresas potencialmente peligrosas y contaminantes, y no primen esos intereses particulares frente a la voluntad de la inmensa mayoría de quienes vivimos en estos pueblos afectados.
Señores gobernantes, demócratas convencidos, representantes del pueblo, espero que como ocurrió con la cárcel se elija la ubicación más adecuada y se tenga en cuenta el sentir de estas gentes que además apostó mayoritariamente por ustedes. En todo caso, yo ni les voté ni les voy a votar.